miércoles, 27 de mayo de 2015

Fragmento de "The Real Frank Zappa Book" (VII Parte)

Nuevo fragmento del libro "The Real Frank Zappa Book" (de F.Z. y Peter Occhiogrosso). Acá pueden leer la PRIMERA, SEGUNDA, TERCERA, CUARTA, QUINTA, y SEXTA PARTE

Traducción: Mazzu



Un Mero Descuido

Finalmente, MGM cometió un ‘error inocente’: se olvidaron de enviarnos un pequeño pedazo de papel diciendo: “ustedes todavía están bajo contrato con nosotros - todavía queremos que hagan discos para nosotros”.

Con eso como palanca, negociamos un “acuerdo de logo”. Bizarre Productions fue creado: un sello dentro de la estructura empresarial de MGM - una entidad semi-independiente - y así Cruising with Ruben & the Jets y Mothermania fueron lanzados por el sello Bizarre/Verve, y distribuidos por MGM.

Se dijeron un montón de tonterías en la prensa cuando salió Cruising with Ruben & the Jets, acerca de cómo había ‘engañado a la gente’. Escuché la historia que un DJ de Filadelfia que lo pasaba como loco hasta que se enteró de que era de the Mothers, momento en el que dejó de pasarlo. El hecho es que todo el mundo sabía que era de the Mothers of Invention porque lo decía en la portada: “Is this the Mothers of Invention recording under a different name in a last ditch attempt to get their cruddy music on the radio?(¿Son estos los Mothers of Invention grabando bajo un nombre diferente en un último intento de hacer llegar su sucia música a la radio?)

Concebí ese álbum en la misma línea que las composiciones del período neoclásico de Stravinsky. Si él pudo tomar las formas y los clichés de la época clásica y pervertirlos, ¿por qué no hacer lo mismo con las normas y las regulaciones que se aplicaban al doo-wop de los años cincuenta?

El oyente no iba a pensar que una canción como “Stuff Up the Cracks” era realmente una verdadera canción de los 50s. En términos de timbre, está justo en el límite (debido a las partes vocales) - pero esos acordes nunca habrían sido usados en el doo-wop original.

Las canciones de ese período estaban encerradas en una selección de tres fórmulas/sabores: I-VI-IV-V (“Earth Angel”), o I-II-I-II (“Nite Owl”), o I-IV-V (“Louie Louie”). Muy rara vez se oye un acorde III o un acorde VII bemol - o se escucha a alguien que va de I a un VII bemol. Hay sólo unos pocos ejemplos de ese tipo de desviación armónica durante los años cincuenta – siendo el mejor “This Paradise” de Donald Woods y the Bel-Aires, de Flip – por lo tanto nuestras progresiones de acordes no eran exactamente parte de esa tradición.

Lo que sí es coherente con la tradición en ese álbum fue el enfoque en la armonía, el tipo de estilo vocal y el timbre utilizado, y la simplicidad de la mayoría de los ritmos. Por supuesto, algunas de las letras estaban a un nivel sub-mongoloide, pero eso sólo era otra norma, llevada al extremo.

We made a wish and threw in a coin
And since that day
Our hearts have been joined
So all you young lovers,
Wherever you are
The Fountain of Love
Is not very far[1]

Frank Zappa & Mothers of Invention - Fountain of Love


¡Déjense de joder! ¿Qué es eso? ¿Una canción sobre una ducha vaginal, o qué? ¡Algunas personas toman ese tipo de letras en serio!

Hay algunos guiños en ese álbum, también. Por ejemplo, en el fadeout de “Fountain of Love” se pueden oír las primeras notas de La Consagración de la Primavera. Una canción tiene el coro de fondo de “Earth Angel” superpuesto sobre el coro de otra canción, y así sucesivamente.

La sátira en Ruben funcionaba en dos o tres niveles. Detesto las letras de amor. Creo que una de las causas de los problemas de salud mental en los Estados Unidos es que las personas crecen escuchando esas ‘letras de amor’.

Eres un chico joven y oyes todas esas ‘letras de amor’, ¿no? Tus padres no te están diciendo la verdad sobre el amor, y no puedes aprender realmente acerca de él en la escuela. Estás recibiendo la mayor parte de tus “normas de conducta” trazadas en la letra de una estúpida canción de amor de mierda. Es un entrenamiento subconsciente que crea el deseo de una situación imaginaria que nunca existirá para ti. Las personas que compran esa mitología van por la vida sintiendo que los dejaron afuera de algo.

Lo que me parece muy cínico en algunas canciones de rock and roll - especialmente hoy en día - es la forma en que dicen: “Vamos a hacer el amor”. ¿Qué clase de mamón dice mierdas como esa en el mundo real? Uno debería poder decir “vamos a coger”, o al menos “vamos a (rellene el espacio en blanco)-, pero tiene que decir “vamos a hacer el amor” para lograr que te pasen en la radio. Esto crea una corrupción semántica, cambiando el contexto en el cual la palabra ‘Amor’ es utilizada en la canción.

Cuando se ponen a babear sobre el amor como un “concepto romántico” - especialmente en las letras sensibles al estilo cantautor - es otro empujón en la dirección de los problemas de salud mental.

Afortunadamente, las letras de los últimos cinco o seis años han llegado a ser cada vez menos importantes, con grupos de ‘art rock’ y new wavers especializándose en letras ‘no sentenciosas’ o ‘intencionalmente intrascendentes’. La gente ha dejado de escuchar las letras - ahora son sólo ‘ruidos bucales en tono’.

Yendo hacia la Última Redada



En 1966 y ‘67, el L.A.P.D. y el Departamento del Sheriff estaban en guerra con los freaks de Hollywood. Cada fin de semana la gente era detenida (sin órdenes presentadas o cargos declarados) mientras caminaba en Sunset Boulevard, forzada a subir a autobuses policiales, llevada al centro, mantenida en prisión por la noche, y luego liberada - todo por tener el pelo largo.

Los lugares donde solían comer (Ben Frank’s en Sunset y Canter’s Deli en Fairfax) estaban bajo vigilancia constante. El gobierno de la ciudad amenazó con quitarle la licencia de licor a Elmer Valentine (del Whisky-A-Go-Go) si no dejaba de contratar bandas de pelilargos en su club. Ya no quedaba ningún lugar para trabajar en Hollywood.

Nuestro Nuevo Hogar

Gail y yo nos mudamos a Nueva York en 1967 para tocar en el Teatro Garrick en Bleecker Street. El primer lugar en donde paramos, antes de que pudiéramos encontrar un apartamento, fue el Hotel Van Rensselaer en la Eleventh Street. Estábamos en una pequeña habitación de los pisos superiores. Yo estaba trabajando en la ilustración de la portada del álbum Absolutely Free en un escritorio junto a la ventana. Recuerdo que el lugar estaba tan sucio que no pude evitar que el hollín manchara la ilustración.

Vivíamos a base de sándwiches y café del Smiler’s Deli que estaba a la vuelta de la esquina. Hacía tanto frío que si ponías un envase de leche en el alféizar de la ventana no se ponía feo durante días (pero cuando lo volvías a entrar estaba cubierto de hollín). Los Fugs, que también estaban trabajando en el Village por entonces, trataron de impulsar una protesta contra Con Ed (el presunto origen de este mal), instando a los ciudadanos preocupados ​​a enviar sus mocos por correo a la oficina central.

Nos sorprendió mucho esta mugre porque acabábamos de venir de California, donde teníamos una casa bastante agradable en Laurel Canyon (por doscientos dólares al mes) con una chimenea, dos dormitorios, una cocina, un garaje y nuestro propio pedazo de tierra en el patio trasero. Había árboles alrededor. Era bastante bonita, y teníamos privacidad.

Gail salió a buscar un apartamento cerca del Garrick y finalmente encontró un lugar en el 180 de la Thompson Street (Apartamento 3-C), a la vuelta del teatro. Hice una pausa en los ensayos y fui con ella a mirarlo. Cuando llegamos a la puerta encontramos a un borracho que se había desmayado allí, se había meado encima, y estaba encajado, bloqueando la entrada. En 1967, esto era lo que se conseguía en la ciudad de Nueva York por doscientos dólares al mes. Nuestro nuevo hogar tenía un dormitorio, un living/cocina y un cuarto de baño - con vista a una pared de ladrillo contra la ventana. Vivimos allí durante varios meses antes de encontrar un subarriendo cerca de la Séptima Avenida en Charles Street, la planta baja de un edificio de piedra marrón.

Fue todo un privilegio ocupar ese espacio durante la huelga de los basureros. La basura se amontonaba justo delante de la ventana de nuestro dormitorio. Escuchábamos a las ratas por la noche.

Durante el tiempo que vivimos en el cajón de Thompson Street, mi hermano vino a visitarnos desde Los Angeles junto a Dick Barber, su amigo de la escuela secundaria (que más tarde se convertiría en nuestro road manager) y otro amigo, Bill Harris (ahora un prominente crítico de cine). Los tres dormían en el piso del living.

En esa época tuve la idea para el álbum We're Only In It for the Money, y estaba buscando un artista capaz de crear la mejor parodia de la tapa del Sgt. Pepper. Me enteré de Cal Schenkel porque era el ex novio de la chica que fue nuestro acto soporte en el Garrick. Vino desde Filadelfia y me mostró su portfolio. Su material era genial, pero la única manera de contratarlo era encontrar un lugar para hospedarlo en Nueva York. (¿Y adivinen dónde fue?) Así que allí estaban Bobby, Bill, Calvin y Dick, en el suelo, en bolsas de dormir.




Durante ese verano, el ambiente en Greenwich Village era absurdo. Cualquier rumor, no importa cuán estúpido fuese, podía llegar a ser verdad - por lo que, en un punto, se rumoreaba que un hippie había matado a un infante de marina.

Circulaban historias de que los marines iban a venir al Village para matar a todos los hippies. Todas las personas con aspecto hippie vigilaban a todas las personas con aspecto de infante de marina. Todo el mundo pensó que en realidad no vendrían vestidos como Marines, por lo que también vigilaban a cualquier persona con el pelo demasiado corto, o con las uñas limpias.

En medio de todo esto estábamos trabajando el Garrick seis noches a la semana (dos shows por noche), y ensayando en la tarde.

El clima de Nueva York en verano es bastante molesto. En cierto momento, alrededor del primero de junio, el aire acondicionador murió y el dueño del teatro (el papá de David Lee Roth, me han dicho) decidió que arreglarlo costaba demasiado.

Imagínense una habitación como un largo y estrecho túnel (en realidad, un ex cine de “películas artísticas”) para unas trescientas personas; con unos 38º grados en todo momento, totalmente húmedo y sin circulación de aire.

El suelo del escenario tenía una alfombra verde. Cuando filmamos el vídeo de “Mr. Green Genes”, la gente en escena había pisoteado un montón de verduras y crema batida sobre él, y nunca lo limpiaron.

La jirafa de peluche y otros juguetes que usábamos en el show estaban en una caja al lado del escenario, junto con trozos de vegetales muertos. Toda la materia orgánica dentro del teatro había comenzado a reproducirse, y estaba produciendo ‘un mal olor’.

¿Dónde está la carne?

Las verduras podridas eran sólo una parte de la temprana ‘declaración de entretenimiento’ de los M.O.I.  Una vez propuse la construcción de un aparato que iba a ser una cruza entre una horca y una ducha antigua. La cortina de la ducha sería una bandera de Estados Unidos, y detrás de ella, colgando de la horca, habría una media res (a temperatura ambiente). Propuse ingresar esto al final de cada show, tocar una fanfarria y abrir la cortina, liberando las moscas sobre la audiencia.

Nuestros Muchachos Uniformados

De todos modos estábamos allí todas las tardes, ensayando. Un día, tres infantes de marina, en uniforme de gala, entraron por la puerta, se sentaron en la primera fila - y se quedaron allí, callados. Les pregunté cómo estaban y, por supuesto, si querían pasar.

Les pregunté si conocían alguna de las canciones. Uno de ellos dijo que sí, que conocía “House of the Rising Sun” y “Everybody Must Get Stoned”. Le dije: “eso es genial. ¿Les gustaría cantar con nosotros esta noche? Nos encantaría tener a unos Marines cantando en el escenario con nosotros”. Ellos dijeron que sí, lo harían. Les dije: “cruzando la calle está el Tin Angel, vayan a tomarse unos tragos y vuelvan cuando empiece el show”. Cuando regresaron, los hice subir al escenario - a pesar de que debía haber regulaciones que les prohibían hacer ese tipo de cosas vistiendo uniforme - y los hice cantar “Everybody Must Get Stoned”. Para ese momento estaban bastante borrachos, así que les sugerí: “¿Por qué no le muestran a la gente de la audiencia lo que hacen para ganarse la vida?”.

Yo les entregué un enorme bebé muñeco y les dije: “supongan que este es un bebé ‘amarillo’”. Ellos procedieron a desgarrar y mutilar al muñeco mientras tocábamos. Fue realmente horrible. Cuando terminaron, les di gracias y, con un acompañamiento musical tranquilo, le mostraré a la audiencia los pedazos destrozados del muñeco.

Nadie se reía.

La Nueva Costurera de Jimi



En otra ocasión, Jimi Hendrix vino a casa. Nunca nos habían presentado antes de eso, y no puedo recordar cómo nos conocimos - probablemente nos encontramos en el Tin Angel. Unos días más tarde vino a visitar nuestro cubículo en Charles Street con su amigo, el baterista Buddy Miles. Jimi llevaba pantalones de terciopelo verde – con muchos adornos – e iban de parranda. (Lo único que dijo Buddy fue “hola, Frank” luego de lo cual se sentó en el sofá, se echó hacia atrás y se desmayó, roncando.) Estuvieron allí por espacio de una hora y media. Buddy se echó una buena siesta, y Hendrix se rasgó los pantalones en la entrepierna mientras demostraba un paso de baile. Gail se los cosió. Cuando llegó la hora de partir, dijo: “Vamos, Buddy”. Los ronquidos se detuvieron, y se fueron.

Sal Lombardo

Un día, de camino a almorzar en el T.A., un hombre vestido con un traje de piel de ante - en julio - con una barba negra desaliñada y pelo sobresaliendo por todos lados, se acercó a mí y me dijo: “Quiero estar en tu banda”. “¿Qué tocas?” le pregunté. “Nada”, respondió. “Está bien”, le dije, “tienes el trabajo”. El tipo se llamaba Sal Lombardo.

Más tarde esa noche, le di unas maracas y una pandereta - él no cobraba, pero estaba de pie en el escenario y ‘estaba en la banda’.

Parte de nuestro show incluía el concepto de noche de ‘recreación obligatoria’ - una especie de participación de la audiencia, pero más peligrosa.

Mientras tocábamos, yo me agachaba y decía, “Sal, ¿ves a ese tipo de allá? Ve a buscarlo”. Sal entonces iba a buscar al tipo de la audiencia y lo arrastraba al escenario. Entonces era mi privilegio el de inventar “actividades recreativas” para estos individuos desafortunados, induciéndolos a ‘participar’. Se puede ver a Sal en el video de Uncle Meat. Él es el hombre acostado con una mazorca de maíz en la boca, que recibe crema batida a chorros en su cara durante “Mr. Green Genes”. Esa noche todo su traje de piel de ante quedó cubierto de verdadera crema batida. Nunca lo hizo limpiar. ¿Saben cómo huele la verdadera crema batida sobre un traje de ante a más de 38º? Estamos hablando de bestialismo aquí.

Cuando dejamos de trabajar en el Garrick, Sal se fue a América del Sur para encontrar una Ciudad Prohibida. Volví a verlo unos diez o doce años más tarde, cuando apareció en un concierto en Sacramento. Manejaba una pizzería por entonces. Juró que había encontrado la Ciudad Secreta de (llene el espacio con una palabra de nueve sílabas) en América del Sur – que albergaba incalculables riquezas - pero que no había tenido ninguna manera de sacar y traerse todos esos tesoros.

Loeb & Leopold

Había dos chicos judíos provincianos que tenían asistencia perfecta a los shows del Garrick. Se presentaban como ‘Loeb & Leopold’ (no eran los verdaderos ‘Loeb & Leopold’, pero sí eran una copia muy realista). Fueron como mínimo a treinta shows.

Al final de nuestra serie de conciertos vinieron detrás del escenario, abrieron sus billeteras y, con lágrimas en los ojos, me mostraron todos sus boletos de entrada. Realmente amaban aquellos shows del Garrick.

A uno de ellos - estoy bastante seguro de que su nombre era Mark Trottiner - le gustaba correr por el pasillo, saltar al escenario, quitarme el micrófono de la mano y gritar en él lo más fuerte posible. Luego se tiraba al suelo, daba vueltas como a un perro y me instaba a escupirle Pepsi-Cola en todo el cuerpo. Aquello apasionaba a la audiencia.

Diez años más tarde, yo estaba tocando en un show de Halloween en el Palladium, y miré hacia el público y creí verlo. Tenía que ser él. Le dije: “¿No eres el tipo que solía...?”  Era él. Ahora era distribuidor de discos en Queens.

Louie el Pavo

Otro habitué era un tipo al que llamábamos “Louie el Pavo” - a causa de su risa. Su verdadero nombre era Louis Cuneo. Terminó en el álbum Lumpy Gravy como una de las personas que hablan de cosas incomprensibles dentro de un piano.

Siempre sabíamos cuando Louie estaba en el teatro porque lo podíamos escuchar desde el fondo del salón. Yo lo invitaba al escenario, le daba un taburete para sentarse, le entregaba el micrófono y detenía la música. Él simplemente estaba allí sentado y se reía - de nada - y todo el público se reía con él durante cinco minutos. Luego le agradecíamos, y se iba.

Función Privada



Abrimos la serie de shows en el Garrick durante las vacaciones de Pascua de 1967. La cola daba la vuelta de la manzana, en la nieve. Sin embargo, tan pronto como volvieron a empezar las clases, la concurrencia se desplomó. En nuestra peor noche el público eran tres personas. Les dijimos que íbamos a darles una función privada, de entretenimiento personalizado.

Había un pasillo en la parte trasera del Garrick que llevaba a la cocina del Cafe au-Go-Go. Toda la banda bajó y conseguimos sidra caliente y montones de bocadillos. Pusimos toallas sobre nuestra brazos, como camareros, volvimos, servimos a nuestro público sus refrescos y charlamos con ellos durante una hora y media.

En otra ocasión tuvimos sólo diez o quince personas. Les preguntamos si les gustaría ser la banda esa noche. Ellos pensaron que era una buena idea, así que les dimos nuestros instrumentos, nos sentamos en las butacas durante una hora y media y los escuchamos tocar a ellos.

Tom & Jerry

Yo me encontraba en la tienda de instrumentos musicales de Manny en Nueva York en algún momento de 1967, y afuera estaba lloviendo. Entró un tipo bajito, bastante mojado, y se presentó como Paul Simon. Dijo que quería que yo fuera a cenar a su casa esa noche, y me dio la dirección. Yo dije que sí y fui.

Cuando entré en su casa, Paul estaba en cuatro patas frente a lo que parecía ser un estéreo Magnavox - el mismo modelo preferido por el “Stumbler” de Sun Village. Tenía la oreja derecha contra el altavoz, escuchando un disco de Django Reinhardt.

En cuestión de segundos - sin razón aparente - anunció que estaba molesto porque tenía que pagar seiscientos mil dólares de impuestos a la ganancia ese año. Esta fue información totalmente gratuita, y yo me dije a mí mismo “si tan solo pudiera ganar seiscientos mil dólares...” ¿Cuánto tienes que ganar para tener que pagar tanto impuesto? Luego entró Art Garfunkel, y charlamos y charlamos.

Hacía rato que no salían de gira, y estaban recordando los “viejos buenos tiempos”. Yo no sabía que antes se habían llamado Tom & Jerry, y que una vez tuvieron un hit llamado “Hey, Schoolgirl in the Second Row”.

Les dije: “Bueno, puedo entender su deseo de experimentar los placeres de estar nuevamente de gira, así que voy a hacerles esta oferta... estaremos tocando en Buffalo mañana por la noche. ¿Por qué no vienen y abren para nosotros como Tom & Jerry? No se lo diré a nadie. Simplemente agarran sus cosas, suben al escenario y cantan “Hey, Schoolgirl in the Second Row” -. Toquen solamente sus temas viejos, no canciones de Simon & Garfunkel”. Les encantó la idea y dijeron que lo harían.

Ellos abrieron como Tom & Jerry; nosotros hicimos nuestro show, y en los bises le dije a la audiencia, “me gustaría traer de vuelta a nuestros amigos para que hagan otra canción”. Ellos salieron y tocaron “Sounds of Silence”. En ese punto todo el mundo se dio cuenta de que eran los únicos y magníficos Simon & Garfunkel. A la salida, después de la función, una mujer con educación universitaria se me acercó y me dijo, “¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué te burlas de Simon & Garfunkel?” - como si yo les hubiera gastado una especie de broma cruel a ellos. ¿Qué carajo se creía que acababa de pasar? ¿Que estas dos superestrellas habían caído de la nada y que los habíamos obligado a cantar “OOO-boppa-loochy-bah, she's mine!”?







[1] Pedimos un deseo y tiramos una moneda/ Y desde ese día/ Nuestros corazones se han unido/ Así que jóvenes amantes,/ Donde quiera que estén/ La Fuente del Amor/ No queda lejos

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